III.
Ahora encuentro un lunar, no en mi cuerpo, a estos no les doy atención, los conozco a todos y como no despiertan mi interés, no recuerdo nunca donde están. Pero cuando los veo no los descubro, solo los recuerdo. El lunar que encontré no es de mi cuerpo. Tampoco es ese lunar que inmortaliza tu escote que tanto me interesa.
No es ninguno de los tuyos ni de los míos, y a decir bien, no estoy seguro de que un lunar. Es con seguridad, un punto negro, un punto que esta en este mundo y es negro, no es oscuro, no nos confundamos. Es un horizonte unidimensional, no es largo, no es alto, ni es ancho. Carece de gravedad y eso es lo que más me atrae. Hecho de nada material y de todo a la vez, no es un agujero, sino seria un agujero negro, sé que puedo engañar a casi la mayoría de los lectores diciéndoles que sí lo es. Pero no, los agujeros negros no están en la tierra, están mas bien en los escotes, tienen masa y gravedad, atraen todo lo que se les aproxima pero la diferencia es que el lunar que yo digo no atrae nada material, tampoco atrae miradas porque no se ve, es tan negro, y es tan punto que no se ve.
Yo voy hacia él, no me interesa ir hacia otro destino, sé que mis noches lo alimentan y mis días lo acercan cada vez mas, que mis sueños vienen de él y que yo, por lo menos yo, voy hacia él.