miércoles, 8 de diciembre de 2010

III. Horizonte


III.

Ahora encuentro un lunar, no en mi cuerpo, a estos no les doy atención, los conozco a todos y como no despiertan mi interés, no recuerdo nunca donde están. Pero cuando los veo no los descubro, solo los recuerdo. El lunar que encontré  no es de mi cuerpo. Tampoco es ese lunar que inmortaliza tu escote que tanto me interesa.

No es ninguno de los tuyos ni de los míos, y a decir bien, no estoy seguro de que un lunar. Es con seguridad,  un punto negro, un punto que esta en este mundo y es negro, no es oscuro, no nos confundamos. Es un horizonte unidimensional, no es largo, no es alto, ni es ancho. Carece de gravedad y eso es lo que más me atrae. Hecho de nada material y de todo a la vez, no es un agujero, sino seria un agujero negro, sé que puedo engañar a casi la mayoría de los lectores diciéndoles que sí lo es. Pero no, los agujeros negros no están en la tierra, están mas bien en los escotes, tienen masa y gravedad, atraen todo lo que se les aproxima pero la diferencia es que el lunar que yo digo no atrae nada material, tampoco atrae miradas porque no se ve, es tan negro, y es tan punto que no se ve.

Yo voy hacia él, no me interesa ir hacia otro destino, sé que mis noches lo alimentan y mis días lo acercan cada vez mas, que mis sueños vienen de él y que yo, por lo menos yo, voy hacia él.

lunes, 15 de noviembre de 2010

II. El viento nunca se lleva las palabras


II.

De repente quiero hablar y me doy cuenta que no salen las palabras, es verdad que soy de pocas palabras, pero pese a todo, nunca sé bien cuando abrir la boca  y cuando callarme. No me cuesta hablar habitualmente, pienso “a”, y suena “a”, pienso “ha” y suena “a” o queda escrita la palabra “ha” o la palabra hojarasca, o lo que sea.

Pero hoy es diferente, hoy el viento se lleva algunos techos, al intemperie todo cambia de magnitud, todo cambia de apariencia. Los cueros se curten. Uno a su vez no tiene límites, puede crecer  dos, tres o cinco metros más sin estamparse la cabeza contra el abajo de la terraza. Pero no todo es alegre porque uno así carece de contención, ese mismo viento que voló los techos puede volarle a uno mismo las chapas, puede disgregarlo hasta hacerlo parte de él. Entonces todo es riesgoso, pero todo también es necesario. Crecer cuantos metros sean, proyectarse sin disgregarse, abrirse sin perder la calma y cerrarse sin anular salidas, explorarse; todo comienza a ser posible, todo comienza a ser parte de los pensamientos, y estos, parte de uno. Todo comienza a ser parte de uno, las palabras también, porque las palabras son pensamientos. Hay un espejo que nos lo muestra e inmortaliza esos momentos de intemperie tatuando en los parpados la solida imagen que nos devuelve tanto del derecho como del revés.

Al fin y al cabo no eran las palabras quienes debían salir, quien debía salir era yo.

miércoles, 10 de noviembre de 2010


I.

Soy yo, que habiéndome concentrado tanto, habiéndome hecho tan yo, explote.

Yo observando me centro en mí, me concentro, quiero decir, me aúno, me reúno con lo que soy yo en todos mis planos, los observo y trato de unirlos. Todos los yo y todos los planos de esos yo pasan a compartir escenario, espacio físico, y cada vez mas juntos todos terminan superponiéndose, concentrándose. Ahora todos los yo se encuentran, se amigan y se mimetizan; Se miden, se sacan chispas, se agreden, se atenúan o se anulan unos a otros y con otros se potencian y ese vaivén de fortaleza y flaqueza en cada rama busca estabilizarse. Todos interactúan, se creen necesarios, necesitados a su vez del otro no pierden fuerzas, no, porque son necesarias para transmitir, porque sino todo se desinfla, pierde contenido.  Pero no es esto lo que pasa, pasa en realidad que todas las puertas comienzan a ser una, y dentro de un mismo espacio lo que antes ocupaban mil y siendo ya uno solo eso se hace único, fundidos ya todos los diferentes y encontrando a un único indivisible y cada vez mas encontrado, y más concentrado, y más denso hasta llegar a ser infinitamente chico compacto e infinitamente denso. Todo ya tomo nuevas dimensiones.

Soy yo, que habiéndome concentrado tanto, habiéndome hecho tan yo, explote.